Nave de locos

2023

Museo del Palacio de la Autonomía de la UNAM, CDMX

En un mundo fundado bajo el régimen de la razón, la locura revela más de lo que encubre. Lo desubicado, lo indecoroso, aquello que se ha escurrido de entre los barrotes de las jaulas de lo normal, se despliega en el mundo, como una pasarela de todo aquello que los cuerdos jamás podrían ver ni nombrar. 

El título de esta exposición hace referencia al cuadro homónimo Hieronymus Bosch, El Bosco. El tema de “La nave de los locos” es transhistórico. Fue un tópico común en las tradiciones flamencas en el siglo XV. Aquella obra de El Bosco se basó, a su vez, en la obra didáctica Narrenschiff o La nave de los necios, escrita por el autor europeo Sebastian Brant en 1494. En este escrito se presentan los múltiples vicios y debilidades humanas encarnadas en los locos y necios que conformaban la tripulación del barco. 

En esta muestra, Rodrigo Ímaz presenta su propia versión de la Nave de los Locos, desplegando una serie de piezas donde se muestra este tópico clásico representado con elementos contemporáneos.  La brújula que gira sin control y la ausencia de un capitán son manifestaciones de los trayectos errantes de este vehículo; la necedad es el motor de esta nave que transita en un mar de significados que se apilan como bultos destinados al reciclaje. Este acto de acrobacia poética se vuelve palpable a través de una serie de artefactos fabricados con materiales que no son parte del canon tradicional de las artes plásticas. 

Se nos ofrece una colección de readymades en los que no sólo se observa un agudo contrapunto entre lo estacionario y lo móvil, sino que se retoma un elemento nada común en los llamados países desarrollados del “primer mundo”: la cultura del reúso y el reciclaje. Estas piezas parecen no tener lugar en las lógicas de la modernidad y recuerdan al ambulante tianguis que coloca a las cosas en nuevos ciclos de uso y formas de instalación diversas que definen una estética popular, funcionalista y fuera de cualquier doctrina académica. Son parte del tren que se descarriló de la oxidada vía del progreso. Buscan liberar a lo tropical de su connotación peyorativa de lugar y condición del salvajismo, donde habita lo primitivo, lo indómito, lo que aún no es conquistado y lo que se resiste a serlo. Este conjunto de obras son resultado de una indagación creativa nutrida por el juego y superan la contradicción entre la naturaleza de elementos que las conforman, mostrando más bien procesos de hibridación: binomios que generan una tercera figura.  

Esta Nave de los Locos puede tomar distintas formas. Puede ser la ciudad a la deriva o la selva de concreto en la que ya aparecieron los primeros cocos de cemento, disruptivos y heterogéneos. Situaciones que emergen de la cotidianeidad dislocada y la ocurrencia de lo insospechado. Castillos de la esperanza fuera de lugar, chácharas que se cuelan al museo. Es la superficie no satinada, brillante aunque no brille. La maquinaria de lo absurdo sigue siendo emisaria de la promesa de progreso, pero uno se sube en ella, pedalea y pedalea, pero no avanza. Rueda que no rueda, sol eléctrico. Este navío es amalgama de diversidades; objetos hermanados en nuevas situaciones en las que lo útil abraza lo que ya no sirve construyendo una estética de lo incidental, evocando un arte con lenguaje social. El tianguis brota en el museo, los cocos germinan.

Ayamel Fernández

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