Latas de Palestina
2025
Sala Jerónima Gutiérrez de la Casa de la Primera Imprenta de América

Latas de Palestina
Jerusalén es una isla que flota en medio de dos estados. La ciudad está llena de vestigios que hablan de historia, de culturas, de identidades y de fe. Quizás por esto nadie piensa en ella como un lugar de restos y residuos; pero la basura habla mucho de sus habitantes. Hacer arqueología de la basura implica entenderla como materia de análisis social, como indicios de la geopolítica y de la estructura económica.
Treinta y cinco latas sobre un fondo blanco yacen sobre la mesa del arqueólogo, como restos de una excavación; constituyen objetos, fotografías, rastros del entorno, retratos de fantasmas. Halladas entre la tierra, en el olvido, a primera vista son basura, han perdido su función de manera irreversible. Pero a los ojos del artista, estas latas representan algo más; con mirada crítica es capaz de ver en ellas la existencia del otro. Las latas de aluminio aplastadas son un testigo, una huella, un registro; en ellas se revela el aplastamiento y la asfixia del pueblo palestino. Las latas de Palestina son imagen, son materia, son evidencia de la desigualdad y radiografía de la injusticia.
En Jerusalén Oriental, el lado palestino ocupado por Israel, se vive la guerra de manera silenciosa e intermitente. Aquella parte de la ciudad subsiste a pesar de la falta de servicios básicos. Del otro lado de la frontera sólo existe el abandono, el borramiento de la ciudadanía y el exterminio. Las personas, como las latas, habitan el territorio despojado de manera invisible y silenciosa.
Rodrigo Ímaz, conoce bien el oficio de contar historias a través de los objetos más elementales. Es un pepenador de ideas que se transforman en imágenes, que se vuelven temas, que derivan en historias que se entrelazan y se narran a sí mismas. Pepenar, del náhuatl pepena, significa escoger, separar. Los hallazgos del artista nada tienen que ver con el azar. Su trabajo tiene un cometido, un método, un proceso: busca dar nueva vida a estos desechos para nombrar lo que hemos perdido de vista. Ímaz se convierte así en una especie de historiador del futuro que mira al presente y se pregunta: ¿qué historias contarán nuestros rastros a las culturas que vendrán después de nosotros?
Sol Vargas, curadora
Galería







