35 LATAS: ARQUEOLOGÍA DE LA BASURA
Lo otro no existe: tal es la fe racional, la incurable creencia de la razón humana. Identidad = realidad, como si, a fin de cuentas, todo hubiera de ser, absoluta y necesariamente, uno y lo mismo. Pero lo otro no se deja eliminar; subsiste, persiste; es el hueso duro de roer en que la razón se deja los dientes. - Antonio Machado
Rodrigo Ímaz conoce bien el oficio de leer y contar historias a través de los objetos más elementales. Su trabajo tiene un cometido, un propósito, un proceso. Es un pepenador de ideas que se transforman en imágenes que se vuelven temas que derivan en historias que se entrelazan y se narran a sí mismas y a otras; pepenar, del náhuatl pepena, escoger, separar… para entonces poder dar nueva vida, para nombrar lo que hemos perdido de vista.
Jerusalén es una isla. Flota en medio de un océano, de dos estados; la ciudad está llena de vestigios que hablan de historia, de identidad y de fe. Quizás por esto nadie piensa en ella como un lugar de restos y residuos; la basura habla de sus habitantes.
Treinta y cinco latas sobre un fondo blanco, retratos de fantasmas. Yacen sobre la mesa del arqueólogo los restos de la excavación, objetos, fotografías, rastros del entorno… La historia de un anciano sentado en los vestigios de su casa destruida, una escuela vacía, un jardín seco, un hospital sin insumos, la voz de un niño, una familia que se reúne a comer, un beso y un abrazo largo, una vida que ya no existe, el recuerdo de lo que fue y ya no es… Un deseo de paz desde el dolor y la destrucción más profundos.
Las latas de aluminio aplastadas son un testigo, una huella, un registro, un pretexto; en ellas se revela el gesto del aplastamiento, la asfixia del pueblo palestino. Halladas entre la tierra, en el olvido, a primera vista son basura, han perdido su función de manera irreversible. A los ojos de Ímaz, las latas representan algo más; su trabajo nos exige complejidad y mirada crítica. Los hallazgos del artista nada tienen que ver con el azar: son caminos que se trazan de manera premeditada. Es capaz de ver en ellas la existencia del otro, la otredad.
En Jerusalén Oriental, el lado palestino ocupado por Israel, se vive la guerra de manera silenciosa e intermitente. Aquella parte de la ciudad subsiste a pesar de la falta de servicios básicos. A sus habitantes se les han impuesto categorías que nada tienen que ver con privilegios, sino con un grado menor de «ilegalidad»; la patria se convierte así en un campo de exterminio: del otro lado de la frontera impuesta, solo existe el olvido, el abandono de la responsabilidad y, con ello, el borramiento de la ciudadanía y de la propia existencia, la eliminación del arraigo y la identidad.
Rodrigo Ímaz es, como él mismo se describe, un historiador del futuro que mira al presente y se pregunta: ¿qué historias contaremos a las culturas que vendrán después de nosotros? Sin duda, es un oficio hacer arqueología de la basura, entenderla como materia del análisis social y la estructura económica. Las latas de Palestina son imagen, son materia, son evidencia de la desigualdad y radiografía de la injusticia. Las latas, como las personas, habitan el territorio de manera invisible.
Sol Vargas - Gestora cultural